Muchos mitos hay en la historia de los pueblos. Uno que radica en Bragado, cerca de la Provincia de Buenos Aires, en Argentina, es el del zoológico de la estancia «La Matilde», después rebautizada como Montolen, y que tiene una lamentable historia que hasta hoy cobra importancia, pues se dice que el espíritu de una niña sigue atormentado en los alrededores del lugar.

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La historia es la siguiente:

A fines de 1800, un hombre llamado Juan Francisco Salaberry recibió una gran extensión de tierra como dote de matrimonio y decide crear una estancia llamada, “La Matilde”, en honor a su esposa, Matilde Bercetche.

La estancia se transformó en un lugar de trabajo agrícola y ganadero para muchos trabajadores, lo que llevó a fundación del pueblo Salaberry con más de 1.000 personas.

A principios de 1900 se construye una escuela y un zoológico. «La Matilde llegó a tener una pajarera de cien metros de largo por diez de alto con las aves más exóticas y un zoológico privado con bestias traídas de lejanos países«, atestigua Juan Luján Caputo, vecino e historiador local, que conversó con el medio La Nación.

El paisajista francés Carlos Thays diseñó el parque, que incluyó un lago artificial y una pérgola. Varias jaulas exhibían animales. «Lo más raro fue que los Salaberry tenían una osa africana y una polar», cuenta el historiador. Para la segunda, y con el fin de mantener el improvisado hábitat, tuvieron que montar una fábrica de hielo, que lo producía las 24 horas del día. «El problema surgió en la jaula de los leones», afirma.

Se dice que un día, una de las hijas o nietas del cuidador de la jaula -la identidad de la niña no está confirmada- se acercó demasiado y de un zarpazo, una leona la decapitó.

Según La Nación, los restos habrían sido enterrados en el propio predio donde en 1914 la familia Salaberry decidió construir una imponente iglesia neogótica con materiales traídos de Europa.

Las apariciones de la niña comenzaron en esa capilla y la leyenda nació.

Las apariciones son hasta el día de hoy, puesto que los lugareños aseguran que la niña cobra presencia tanto en la capilla como en el bosque. Por lo mismo, nadie se acerca a la zona después de las 5 de la tarde.

Hace nueve años, en 2011, la fotógrafa aficionada María Alejandra Fuentes fue hasta las ruinas de la capilla para tomar registro del espacio. Ella tomó sus fotos con una cámara digital sin notar nada extraño y tampoco encontrarse con nadie al interior de la capilla. No obstante, cuando Fuentes descargó las fotos, notó que en una de ellas aparecía una presencia extraña, en una esquina de uno de los ventanales, aparece la figura de lo que puede ser el rostro de una niña.

Cuando tomamos las fotos, ”observamos que mi perra estaba atemorizada, que no se movía y se incrustaba entre mis pies, no le dimos importancia en el momento ni tampoco observamos nada raro», dijo en aquel entonces la fotógrafa, por el Canal 5 de Bragado, relatando la experiencia.

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El hecho resucitó una historia de un siglo atrás, que todavía inquieta a los pobladores de Salaberry.