¿Te ha pasado que aplazas y aplazas las cosas que tienes que hacer? ¿Te has dado cuenta que a veces esto coincide con un periodo de estrés y que por lo general, después de postergar, te sientes mucho peor? Pues bien, existe una práctica llamada procastinación, que explica perfectamente el hábito y por qué lo hacemos, muchas veces como una manera de defendernos antes periodos emocionales complejos.

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“Procrastinar” proviene de una palabra en latín (procrastināre) que significa postergar hasta mañana. Al término también hay que agregarle la palabra del griego antiguo akrasia, que es hacer algo en contra de nuestro mejor juicio. Es decir, hacer o dejar de hacer, sabiendo que no es la mejor decisión.

Por lo tanto, cuando procrastinamos, no solo estamos conscientes de que evadimos una tarea, sino también de que hacerlo es probablemente una mala idea. Aun así, lo hacemos igual.

¿Por qué lo hacemos?

De acuerdo a una investigación publicada en The New York Times, la procrastinación no es un defecto o una actitud que se corrige bajando una app que te ayudará a administrar el tiempo, sino una manera de enfrentar emociones desafiantes y estados de ánimo negativos generados por estímulos como: aburrimiento, ansiedad, inseguridad, frustración, resentimiento y estrés, entre otros.

“La procrastinación es un problema de regulación de emociones, no un problema de gestión de tiempo”, dijo Tim Pychyl, un profesor de Psicología y miembro del Grupo de Investigación sobre Procrastinación en la Universidad Carleton en Ottawa, Canadá.

procastinación

En un estudio de 2013, Pychyl llegó a la conclusión de que un acto de procrastinación busca enfocarse más en “la urgencia inmediata de administrar los estados de ánimo negativos”, a que dedicarse a hacer una tarea. Es un acto, por tanto, irracional que tiene que ver con las emociones que involucran una acción.

Todo lo anterior tiene un detalle no menor y que es lo que hace más viciosa la procastinación. Tiene que ver con el alivio temporal que sentimos cuando procrastinamos.  Suspender una tarea brinda alivio, pero con el paso del tiempo también puede traer angustia y baja satisfacción, síntomas de depresión y ansiedad, pues no hemos avanzado con lo que sabemos debíamos hacer.

¿Cómo nos ponemos activos y dejamos de procrastinar?

De acuerdo al director de investigación e innovación del Centro de Plenitud Mental de la Universidad de Brown, Judson Brewer, podemos dejar de procastinar si le ofrecemos una mejor recompensa a nuestro cerebro, lo que él llamó la Mejor y Más Grande Oferta.

La recompensa tiene que ser mejor que la sensación de «evadir», tiene que ser una que alivie los sentimientos desafiantes del presente y que tenga que ver con una decisión interna, y no dependiente de cosas externas.

De acuerdo a la doctora Olivia Remes, investigadora de salud mental en la Universidad de Cambridge, existen 5 prácticas que pueden ayudarte a dejar de procastinar:

1.- Actúa ahora y la motivación llegará

Ya sabes como es el dicho: No dejes para mañana lo que puedes hacer hoy, pero entiéndelo no como dogma, sino porque simplemente no puedes saber cómo estarán mañana tus emociones. Comienza lo que tienes que hacer, aunque no tengas la motivación. Irónicamente te darás cuenta que cuando empieces, surgirá un impulso que te ayudará a continuar.

2. Equivócate

Si no puedes avanzar en lo que estás haciendo porque sientes que tiene que salir perfecto y por eso te paralices, olvídate. No necesitas hacerlo perfecto.

En lugar de esperar hasta que estés «mejor preparado» o hasta que «tengas ganas», simplemente hazlo. «Hacer las cosas mal te permite tomar acción y hace mucho más fácil seguir hasta el final, y siempre puedes refinar las cosas más tarde», explica la doctora Olivia Remes.

3. Aprende a tolerar la incomodidad inicial

Si las palabras «¡qué aburrido!» o un poco de intimidación comienzan a surgir, identifícalo y afróntalo. Si quieres superar la procrastinación, comienza detectando las emociones negativas y simplemente continúa con tu labor.

«A medida que aprendas a tolerar cada vez más esta incomodidad transitoria, el autocontrol se fortalece y comienzas a verte a ti mismo de una manera diferente. Comienzas a verte como una persona capaz. Y este es el lugar del cual surge la motivación«, agrega Remes.

4. Elimina el soñar despierto

¿Pasas mucho tiempo en redes sociales, sin razón real y objetiva? ¿Te pones a divagar o a soñar despierto con lo que te gustaría estar viviendo ahora? Por más adictivo que sea, evítalo.

«Frecuentemente, cuando soñamos despiertos, dirigimos nuestra atención hacia nosotros mismos, a objetivos no alcanzados o pensamos en nuestro yo idealizado que no corresponde con quienes somos ahora. Esto nos lleva a la reflexión, que puede convertirse en un terreno fértil para la depresión. El antídoto para esto es concentrarnos en el momento presente –la tarea que tenemos a mano o lo que sea que estemos haciendo», comenta Remes. 

5. Elige las emociones en las que quieres concentrarte

Finalmente, de tu paisaje interno de emociones, elige cuáles son las emociones en las que es mejor concentrarte. Elige no quedarte en la procastinación fácil, elige no quedarte en la incomodidad o aburrimiento y comprométete con lo que estás haciendo.