Desde hace harto tiempo que se habla sobre los microplásticos y sobre lo terribles que son, pero tal vez no los comprendes en detalle. Pero también es cada vez más común saber de ellos, ya que aparecen en lugares inimaginables. En 2019 los encontraron en las heces de los pingüinos antárticos, y en 2020 se calculó que habían 14 millones de toneladas en el fondo del mar. Si hasta ahora no lo sabías y te daba cosa preguntar, acá te lo explicamos.

¿Qué son los microplásticos?

De acuerdo a Richard Thompson, ecólogo marino en la Universidad de Plymouth, estos son los plásticos que miden menos de cinco milímetros. Para que lo puedas comparar, esto es aproximadamente lo que miden las gomas que están en la punta de los lápices de mina. Empezó a ocupar este término en 2004 luego de una investigación en la que detectaron su presencia en las playas del Reino Unido. De hecho, la imagen de portada que ves son microplásticos que estaban en la arena del río Magothy, en Maryland, Estados Unidos.

Los microplásticos tienen dos categorías. En el caso de los primarios, estos son los que se crean en las industrias para usados así. Estos se incluyen generalmente en los cosméticos, tal como en los jabones, shampoos, labiales y exfoliantes. En cuanto a los secundarios, estos son los que llegan a este tamaño luego de desprenderse de pedazo más grande de plástico. Por ejemplo, de las bolsas y botellas.

Getty Microplásticos 2015

¿Cómo minimizar su impacto?

Lo peor de todo esto que los microplásticos siguen desintegrándose en unidades menores, hasta convertirse en nanoplásticos. Cuando alcanzan esre tamaño ya son tan pequeños son imperceptibles a simple vista, pueden alojarse dentro de los tejidos de los seres vivos y viajar hasta cualquier parte. Shaobin Wang, profesor de ingeniería química en la Universidad de Adelaida, en Australia, explica que además portan otras sustancias. De esta manera «absorben los contaminantes orgánicos y metálicos a medida que viajan a través del agua y liberan estas sustancias peligrosas en los organismos acuáticos que los comen, lo que hace que se acumulen hasta la cadena alimentaria«.

Hasta ahora es crucial evitar los productos que contengan estas pequeñas pelotitas, además de reducir, reutilizar y reciclar. Pero combatir a los microplásticos ya existentes es todo un desafío para la ciencia. Hace un par de días el proyecto Captoplastic, de la Universidad Autónoma de Madrid, fue reconocido por crear un sistema que permite identificar y remover los microplásticos en el agua.