Este 2021, se cumplen 25 años desde el icónico concierto que Oasis dio en Knebworth en 1996. Sin embargo, no hay quizás momento más propicio para lanzar el documental sobre este espectáculo, que en el presente año. Y es que, en lo que parece un mundo completamente diferente al actual, el filme nos recuerda la magia de la música en vivo y las verdaderas comunidades que se crean en estos espacios.

Oasis Knebworth 1996 es más que un documental sobre la banda de los hermanos Gallagher. En un registro de la juventud británica durante la década de lo noventa. Sobre los cambios culturales y un recuerdo de cuando el rock dominaba en las listas y su impacto no podía ser más grande. 

Las razones para ver Oasis Knebworth 1996

Este nuevo documental, que se estrena en Chile este 23 de septiembre, es una instancia imperdible para todos los fanáticos de Oasis. Y es que, en un presente donde solo se discute a la banda por las polémicas de sus líderes, este filme nos recuerda cuando los Gallagher dominaban la industria y eran capaces de unir a miles para cantar canciones sobre el descontento adolescente y el futuro incierto. 

Y es que si bien Oasis son el centro del documental, son los miles de asistentes a Knebworth el 1996 quienes se roban toda la película. Son los y las fanáticas quienes verdaderamente protagonizan esta historia, relatando sus recuerdos al asistir al concierto, detalles de cada canción y cómo el mensaje de la banda resonó tan fuerte con ellos y lo sigue haciendo. «Nosotros eramos Oasis y ellos eramos nosotros», señala una de las fanáticas.

La revolución adolescente de Oasis

Desde tan jóvenes como 14 años, nos encontramos con voces que relatan una verdadera revolución cultural adolescente, de la cual Oasis fueron los verdaderos santos patronos. Los que esperaron horas en la fila, quienes se escaparon a escondidas, los que juran haber tenido una verdadera conexión con los Gallagher y quienes recuerdan una vida que ahora solo aparece retratada en estas imágenes. 

Y es que Oasis Knebworht 1996 es una verdadera carta a la nostalgia. Una versión fílmica del clásico «todo tiempo pasado fue mejor», con Noel comentando en que no se veía ningún telefono en el aire, solo manos alzadas al ritmo de la música. Pero incluso si no viviste en esa época, será un duro golpe para cualquier fanático de la música que extraña los conciertos.

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Después de todo, en un presente pandémico, ver a más de 250 mil personas coreando en un mismo recinto parece más ficción que un documental. Con más de un año sin conciertos masivos en Chile, el filme podría sacar más de una lágrima a los melómanos que se preguntan si es que alguna vez podremos vivir una experiencia como esta de nuevo. 

Pero no es solo la pandemia la que hace que esta historia sea tan nostálgica. Ver a jóvenes gritando a todo pulmón sobre los miedos del futuro, creando una verdadera comunidad entre ellos, donde la espera estaba tan llena de eventos como el concierto mismo. Es dificil imaginar hoy un festival donde pueda crearse tal atmósfera de unión y acuerdo entre todos para disfrutar la música. 

Así mismo, los más puristas del rock saldrán cuestionando aun más el presente del género. Y es que si el debate sobre el estado de la escena no era suficiente, la masividad de Oasis nos hace preguntarnos qué banda de hoy podría reunir a tantas personas bajo un mismo mensaje. De hecho, ni siquiera Liam o Noel podrían hacerlo, aunque se unieran hoy.

Pero es también una motivación. Cualquiera quería replicar lo que vio a Oasis hacer en Knebworth durante 1996. Y quien sabe, quizás una vez pase este presente, se pueda volver a formar una comunidad en los conciertos en vivo. 

La época dorada de Oasis

Si bien mencionamos que los fanáticos son los protagonistas del filme, no hay que cometer errores. Oasis son el centro, la meta y la motivación del proyecto de Jake Scott. Y, si es que te queda alguna duda, Liam y Noel se encargarán de recordártelo constantemente. «Lo hacemos por ellos, pero también por nosotros. Oasis es sobre nosotros», recuerda Noel, quien será el primera en insistir en que no hay banda que se le acerce a la que creó con su hermano.

Las vocales en el mejor momento de Liam, los momentos en solitario de Noel, que terminan robándose el show en canciones como The Masterplan, el enorme carisma de los hermanos, quienes eran unas claras divas del rock, pero que lograban hacer felices a miles sin importar los berrinches que puedan haber.

Pero el documental rescata la verdadera escencia de Oasis y porque su llegada a Knebworth es tan relevante. En más de una ocasión, se pone énfasis en cómo eran un grupo de jóvenes de la clase obrera, que de pronto se tomaron el mundo. No es al azar, la banda representaba la esperanza de miles que se identificaban con sus origenes, jóvenes que veían en sus logros una oportunidad para ellos mismo. 

Incluso más simple, muestra a dos hermanos divirtiéndose más que nunca. Hoy se suele olvidar, pero hubo en tiempo en que la conexión que Liam y Noel tenían en Oasis era inalcanzable. «Veo a dos hermanos haciendo tonteras en el escenario. Y después veo a mi hermano y también hacemos tonteras. Era vernos a nosotros en el escenario», señala el fanático. Ese es el poder que logró que la banda estuviera donde estaba.

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