Una leyenda, un poderoso ícono del rock latinoamericano, una estrella. Para muchos de sus fanáticos, Gustavo Cerati, el mítico vocalista de Soda Stereo, cumple con todas esas descripciones y mucho más.

El argentino era un artista te tomo y lomo. Detrás de esa faceta del cantante que se lucía en los escenarios y deleitaba a una gran fanaticada con su potente voz, se escondía un pasado ligado al dibujo.

Gustavo cerati

Gustavo Cerati tenía una pasión que nació en su ser desde hace muchos muchos años, desde su infancia: el amor por las historietas, la lectura y dibujar. Le gustaba realizar bocetos de personajes como si estuviesen en un cómics.

Su mente volaba y se dejaba mandar por la imaginación, muy de la mano con la creatividad. Fue tan así, que incluso el cantante creó dos superhéroes: Argos y Supercerebro, ambos influenciados por Tarzán y Superman.

Pero como si esto fuera poco, el pequeño Cerati tenía un lado histriónico que combinaba con su admiración a los superhéroes,¡y es que se creía uno! Una capa, un antifaz, unos guantes y ¡Bam! ¡Un mini Cerati listo para salvar al mundo!

En una entrevista con el medio La Nación, en 2006, Gustavo Cerati contó:

 «Hice cómics y hasta fanzines de Creedence. Hice tremendos dibujos de tapas de discos. Pero no sólo se me daba por los dibujos. Entre los 13 y los 15 años tuve varios impulsos en mi vida. Algunos de ellos los concreté, cómo escribir un libro de acordes de guitarra, y otro de historia».

¿Y de quién iba a sacar ese lado artístico si no fuese por su madre, Lilian Clarcke?  Precisamente ella fue una de las encargadas de introducirlo al mundo de este arte, quien desde pequeña que ha estado involucrada con el dibujo, el teatro y quien considera tener un alma artística.