El look de colegiala con chapes de pompones rosados se instaló como un clásico en las fiestas de disfraces desde que salió a la luz Baby One More Time a finales de los noventa. Con ese single irrumpió en la escena musical una Britney Spears joven, angelical, chispeante y enérgica. La canción se convirtió en un himno adolescente, tanto así, que vendió quinientas mil copias en su primer día lanzado en Estados Unidos, alcanzando más tarde el número uno del Billboard Hot 100 y llegó al número uno en varios países del mundo.

En definitiva, Britney llegó a revolucionar la escena como princesa del pop en una industria que para ese entonces, ponía las fichas en boy bands como los Backstreet Boys o en grupos femeninos como era el caso de las Spice Girls. Pero esta solista pasó las barreras y de la mano del productor sueco Max Martin, caló hondo en una generación que a finales de los ‘90 y comienzos de los 2000, caminaba al ritmo de su música, muy probablemente, reproducida en el ya nostálgico discman para los millennials. 

El Efecto Lolita

El look de adolescente angelical que venía cultivando desde el Mickey Mouse Club de Disney, donde comenzó su carrera, fue transitando hacia la imagen de una sex symbol, que se materializó contundentemente con su aparición en la portada de la revista Rolling Stone en 1999, cuando con 17 años, posó en ropa interior abrazando a un peluche Teletubbie y una escandalizada sociedad conservadora salió a criticarla. Luego vino el lanzamiento de su disco homónimo en 2001, con temas como «I’m a slave for you» y ese mismo año, la vimos derrochar glamour cuando se presentó con una boa en sus hombros en los VMA.

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Giras internacionales, contratos millonarios, una icónica campaña publicitaria de la mano de Pepsi, su romance con Justin Timberlake, para ese entonces, líder de NSYNC y una primera incursión en el cine con la película Crossroads, solo por mencionar algunos puntos, hacían presagiar el éxito imparable de la artista. Luego llegó Ooops!… I Did It Again, un disco que reforzó su lugar en la industria, despachando otros 20 millones de discos y la misma suerte corrió In the zone en 2003, con el que se llevó un Grammy por «Toxic”. Ese mismo año, en la apertura de los MTV Video Music Awards tuvo lugar el icónico beso junto a Madonna que quedó grabado en la cultura pop.

Pero su éxito arrollador con el paso de los años se fue desvaneciendo y hoy, artistas como Katy Perry, Rihanna o Lady Gaga, juegan en las grandes ligas del pop femenino con una Britney Spears cada vez más apartada del circuito y cuya vida privada parece ser a ratos, incluso más relevante que su discografía. 

¿Qué factores la llevaron a transitar tan abruptamente del apogeo a un desenfrenado descenso? Las causas que lo explican son múltiples, pero sin lugar a dudas, el auge del paparazzeo y la cuota de machismo instalado en la sociedad y en los medios de comunicación, colaboraron en la desescalada. 

M.Gigi Durham, profesora de género, estudios de la mujer y sexualidades en la Facultad de Artes y Ciencias de la Universidad de Iowa, discute lo que ella llama el “efecto Lolita”, que haría de las suyas en una esfera corporativa y comercial. Un efecto que se agarra de la sociedad de consumo que tiende a sexualizar a las mujeres desde temprana edad con propósitos comerciales. 

La historia de Britney se ajusta a la perfección a esta premisa, con un salto a la fama cuando era menor de edad con Lynne y James, sus padres, productores y toda una maquinaria de marketing alineada para relegar sus talentos artísticos a segundo plano, resaltando y convirtiendo su vida privada en objeto de controversia en un mundo voraz, en el cual las revistas vendían como pan caliente aludiendo a temas como su virginidad y donde incluso, llegó a ser relevante si la estrella usaba o no ropa interior.  

De amor y de sombras

La vida amorosa de Britney Spears fue seguida cual si fuera una novela rosa que a comienzos de 2004 tomó la forma de un thriller, cuando 55 horas después de casarse con su amigo Jason Allen Alexander en Las Vegas, pidió la anulación del matrimonio, bajo el argumento de que no tenía «conocimiento de sus acciones».

En julio de ese mismo año, la cantante anunciaba su segundo matrimonio con Kevin Federline, un connotado bailarín que rompía con la actriz Shar Jackson, para ese entonces, embarazada de su segundo hijo. Los paparazzi tenían material de sobra para el show y la situación se coronó con la grabación del reality show “Britney y Kevin: Chaotic”, sobre la historia de la naciente pareja.  

Britney y Federline tuvieron dos hijos; Sean Preston y Jayden Jame, pero fue una vida familiar fugaz, ya que a finales de 2006 se estaban divorciando. Como era de esperar, un séquito de paparazzis se dedicó a seguir cada uno de sus pasos y para ese entonces, aparecieron varias publicaciones que acusaban a Britney de beber en exceso, se expusieron sus fotos en fiestas con celebridades como Paris Hiltton e incluso, en varias ocasiones se le tildó de «mala madre», cuando se le vio manejando con uno de sus hijos en las piernas, escapando del acoso de la prensa, por mencionar solo un ejemplo. «Necesito mi privacidad, respeto. Esas son cosas que uno tiene que tener como ser humano», dijo la cantante en una entrevista con NBC ese año.

Lo que Britney pedía con llanto era un poco de intimidad, pero para ese entonces, los límites de lo público y lo privado en torno a su figura ya se habían desdibujado y era difícil echar marcha atrás, entre otras cosas, porque nuestro deseo básico de seguir la vida de los ricos y famosos, se transforma en dinero cuando es satisfecho.

El costoso divorcio se dio en un momento marcado por la degradación de la imagen pública de la vocalista. El abuso de drogas y medicamentos ahondaron sus problemas de salud mental, que se hicieron más evidentes cuando su frondoso pelo rubio quedó en el pasado. Se rapó frente a la prensa para después lanzarse a paraguazos contra los paparazzis, en una inequívoca señal de que Britney ya no volvería a ser la misma, aún cuando el disco Blackout (2007) logró cosechar varios éxitos.

El gran golpe llegó cuando perdió la custodia de sus dos hijos a comienzos de 2008 y acto seguido, fue ingresada al área psiquiátrica del Ronald Reagan UCLA Medical Center para comenzar una rehabilitación. Fue ahí cuando la justicia dictaminó que sus activos económicos, su salud e incluso algunos detalles de su vida cotidiana, pasaran a ser controlados por su padre James Spears y el abogado Andrew Wallet.

#FreeBritney 

Doce años han pasado desde que James Spears se transformó en el tutor exclusivo de la herencia” de 54,7 millones de dólares de la cantante y muy posiblemente, varios de los que años atrás seguían atentamente el paparazzeo en torno a la vida de la princesa del pop, hoy son parte del movimiento #FreeBritney, que nació en 2000 con la creación de una página web en apoyo a la cantante en sus intentos por recuperar su libertad.

La iniciativa se extendió a las redes sociales e incluso, ha llevado a algunos famosos como Miley Cyrus a hacerse parte de esta cruzada. 

Pero a pesar de la masividad del movimiento y luego de una larga batalla judicial, Britney Spears sufrió un revés a principios de noviembre, luego de que una corte de Los Ángeles rechazara la petición que hizo la artista para suspender la tutoría legal que ejerce su progenitor y junto con esto, se dictaminó que la empresa Bessemer Trust Company coadministrará su patrimonio hasta febrero de 2021.

«Ella me informó que tiene mucho miedo de su padre y que no volverá a cantar si él sigue a cargo de su carrera», dijo el abogado de la cantante, Samuel D. Ingham III. tras el fallo de la juez Brenda Penny.

Pocos días después de estas declaraciones, se anunció el lanzamiento de una nueva canción de Britney Spears. ‘Swimming in the Stars’  (un corte inédito del disco de 2016, ‘Glory’, ) será lanzada de forma exclusiva en un vinilo para Urban Outfitters. 

Cabe destacar que la disputa legal sigue, pues la instancia dejó abierto el camino para que Britney Spears pueda volver a presentar mociones para suspender o remover a James Spears de esta figura legal diseñada en el sistema judicial estadounidense para salvaguardar los intereses de adultos mayores, discapacitados mentales y enfermos graves. 

Britney Spears cuenta con nueve álbumes de larga duración y el último de ellos, ‘Glory’, vio la luz en 2016. ¿Cómo seguirá esta historia?… Ya veremos si la princesa del pop se vuelve a poner la corona. 

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