Woodstock logró impulsar la carrera de grandes bandas y músicos que se lucieron en el escenario de ese icónico festival: Santana fue uno de ellos.

La banda psicodélica de San Francisco que incorporaba los polirritmos latinos y africanos al blues-rock a través de las congas, ni si quiera tenían su primer álbum cuando llegaron a la parrilla programática de la hazaña musical.

Fue gracias a su mánager Bill Graham que lograron entrar al festival, ya que era promotor de otros poderosos conciertos del país.

Carlos Santana dio una entrevista este año para The New York Times donde revivió lo ocurrido aquella tarde en Woodstock. Anécdotas, problemas con las drogas y un recibimiento inesperado fue lo que lleno ese escenario.

Santana a Woodstock

“Graham fue mi primer arcángel”, fue lo que recalcó Santana cuando fue preguntado por la oportunidad de participar sin haber lanzado su primer álbum.

Nos dijo: «Habrá un concierto que les va a cambiar la vida. Necesito que me escuchen muy bien: después de este concierto, la gente comenzará a verlos como The Doors y Jimi Hendrix. Se meterán en problemas porque sus egos aumentarán tanto que necesitarán que alguien les ponga los pies sobre la tierra».

Pero una vez dentro del festival, faltaba presentarse y ver cómo sería el recibimiento del público a estos sonidos africanos y latinos.

“Cuando llegamos, la primera persona que vi fue a mi hermano y amigo Jerry Garcia”, donde Santana recuerda que su apariencia le dio tranquilidad y confianza para enfrentar el escenario.

Pero fue García quien, le contó el retraso de su presentación: «Bueno, amigo, es mejor que te pongas cómodo porque, al parecer, no vamos a presentarnos sino hasta la una de la mañana. Es un desastre. Y, por cierto, ¿quieres probar un poco de esto?».

La droga que elevó a Santana

Con el tiempo de sobra que tenían para presentarse en Woodstock, una dosis de mescalina no sería dañino para su presentación.

Esta droga proveniente de los cactus con efectos alucinógenos fue lo que consumió Santana, donde al parecer había calculado todo: «A ver, son las 12:30 del día. Para cuando den las dos de la mañana, estaré bien. Solía consumir LSD y mescalina, así que sabía cuánto tiempo me tomaría».

Tan solo dos horas después de ingerir la droga, jamás se espero que esto ocurriera: “había un rostro frente a mí que decía: «Deben subir al escenario ahora mismo; si no, no podrán tocar». Para ese momento estaba muy drogado, ¿sabes? Simplemente me aferré a mi fe y a lo que me enseñó mi mamá. Les pedí una y otra vez: «Tan solo ayúdenme a tocar afinado y a tiempo».

¿El resultado? Una tocata donde alucinó por completo.

“Me delata mi lenguaje corporal. Tuve problemas con la guitarra, no como un luchador, sino como un surfista, tratando de mantener y continuar el equilibrio. Esa es la clave de todo en la vida. Aunque estés sobrio o drogado de mescalina, mantén tu compostura y tu equilibrio”.

Un éxito en las congas

Para Santana la clave estuvo en el sonido poco común de las congas en las bandas que se presentaron en Woodstock.

“Llegamos con las congas y la audiencia pensó: «Ah, esto es como estar en Hippie Hill o en la fuente [de Central Park] en Nueva York». Podías fumar marihuana y escuchar las congas, y la música te daba ganas de celebrar, no pensabas en el miedo, en Vietnam ni en Nixon ni en nada de eso”.

Donde incluso asegura que su aporte se basó en “los ritmos africanos y la melodía. Después de Woodstock, todas las bandas de pronto comenzaron a tocar con congas. Miles tenían congas. The Rolling Stones tenían congas”.

Para Carlos Santana lograron transmitir armonía y unidad, donde asegura que “fue un momento hermoso y lo recordaré hasta el día que me muera”.

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