Un día como hoy, hace 130 años nació en Vicuña, una pequeña población de Valle del Elqui, la poeta Gabriela Mistral. Diplomática, pedagoga y destacada poetisa, así se destacó Lucila Godoy Alcayaga.

Su infancia la vivió entre Vicuña, Montegrande y Pisco Elqui. Fue maestra de varias escuelas pero nunca estudió por falta de dinero. En 1910 le convalidaron sus conocimientos y experiencia en la Escuela N°1 de Santiago y obtuvo el título de «profesora de Estado». Trabajó en diferentes ciudades del país y fue en Temuco donde conoció a Pablo Neruda (Neftalí Reyes).

gabriela mistral

En paralelo a su vida como maestra, comenzó su desarrollo como poetisa. La prensa de La Serena, Ovalle y Vicuña difundió sus primeros escritos. Entre ellos se conoce «El perdón de una víctima», «La muerte del poeta» y «Horas sombrías». 

En 1994 Gabriela Mistral fue galardoneada con el Premio Nobel de Literatura por la Academia Sueca. En Chile también fue aplaudida y valorada con el Premio Nacional de Literatura en 1951.

Editó «Lecturas para Mujeres» en México el año 1923. Un año después publica «Ternura» en España. En 1938 vuelve a América Latina y publica «Tala», libro editado en Buenos Aires. Fue recién en 1954 su primera publicación en Chile llamada «Lagar».

Recordemos sus más conocidos versos como «Piececitos de niños», «Desolación», «Miedo», «Sonetos de la muerte» y tantos otros escritos que hasta hoy marcan la enseñanza de niños, son parte importante de la historia nacional y están en la memoria de muchos.

El 10 de enero de 1957, un cáncer de páncreas termina con la vida de Lucila Godoy Alcayaga a sus 67 años. Una mujer relevante para la historia y cultura nacional. Gabriela Mistral, para varios es recordada como una de las primeras feministas de Chile.  

Piececitos

Piececitos de niño,

azulosos de frío,

¡cómo os ven y no os cubren,

Dios mío!

¡Piececitos heridos

por los guijarros todos,

ultrajados de nieves

y lodos!

El hombre ciego ignora

que por donde pasáis,

una flor de luz viva

dejáis;

que allí donde ponéis

la plantita sangrante,

el nardo nace más

fragante.

Sed, puesto que marcháis

por los caminos rectos,

heroicos como sois

perfectos.

Piececitos de niño,

dos joyitas sufrientes,

¡cómo pasan sin veros

las gentes!

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