El telescopio espacial Neil Gehrels-Swift de la NASA puso fin oficialmente a su misión científica tras registrar su última observación el pasado 20 de octubre. El emblemático artefacto espacial comenzó a perder altitud de forma acelerada y reingresará a la atmósfera terrestre de manera descontrolada durante las próximas semanas.
La caída orbital se produce debido a la escasa altitud a la que se encuentra actualmente, ya que orbita a menos de 275 kilómetros de la superficie terrestre. Esta posición genera una alta resistencia atmosférica que impide mantener la estabilidad de la nave.
En julio pasado, la agencia espacial intentó desplegar una millonaria misión para devolver al instrumento a una órbita segura y extender su vida útil. Sin embargo, los esfuerzos no tuvieron éxito.
NASA confirma regreso de Telescopio Swift
Ante la pérdida de altura, la estructura experimentará una reentrada no controlada a la atmósfera. Expertos en seguimiento espacial descartaron riesgos mayores para la población o las zonas habitadas del planeta.
“Si bien es posible que algunos componentes de la nave espacial Swift sobrevivan a la reentrada debido a su tamaño, la probabilidad de que los escombros causen daños materiales significativos o lesiones físicas a alguien es muy baja”, aclaró la empresa LeoLabs en declaraciones recogidas por CNN.

Los especialistas agregaron que lo más probable es que los restos que logren sobrevivir al impacto térmico contra la atmósfera caigan directamente en zonas oceánicas o en territorios deshabitados.
Más de dos décadas de revolución astrofísica
Lanzado originalmente el 20 de noviembre de 2004, el dispositivo fue concebido para una misión primaria de apenas dos años. No obstante, superó con creces las expectativas al mantenerse activo por más de dos décadas.
“Swift desempeñó un papel fundamental en el avance de nuestra comprensión del universo cambiante y formó parte de una revolución en la astrofísica que demostró la importancia crucial de las observaciones de respuesta rápida para toda la comunidad”, destacó Shawn Domagal-Goldman, director de la División de Astrofísica de la NASA.
El observatorio se especializó en detectar los estallidos de rayos gamma, considerados las explosiones más potentes del cosmos. Su tecnología permitía identificar el fenómeno, reportar las coordenadas a otros centros y girar sus instrumentos en aproximadamente un minuto para capturar el resplandor inicial.
A lo largo de su extensa trayectoria, la nave estudió más de 2.000 estallidos, analizó más de 1.400 supernovas y registró eventos extremos como estrellas destrozadas por agujeros negros. Sus datos sirvieron de base para elaborar cerca de 7.000 artículos científicos en todo el mundo.
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