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Ni por salud ni por moda: Esta sería la principal razón por la que los jóvenes están dejando de beber alcohol

Adultos jóvenes están dejando de lado la bebida, y reemplazándola por otras sustancias, pero eso tendría su propio costo.

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Cada vez más jóvenes están alejándose de las bebidas alcohólicas, pero no necesariamente por volcarse a una vida saludable.

Un fenómeno emergente entre la llamada "generación sobria" revela un patrón preocupante: el uso de fármacos recetados sin control médico para desinhibirse y enfrentar la ansiedad en eventos sociales.

Sustancias como la pregabalina y el propranolol son adquiridas de forma ilícita por internet para emular los efectos desinhibidores del licor, evitando la resaca.

Una tendencia impulsada por las redes sociales

El auge de esta práctica responde a la búsqueda de alternativas percibidas como "más limpias" y económicas que el alcohol. A través de plataformas digitales y testimonios de creadores de contenido, miles de usuarios conocen la práctica del stacking, que consiste en combinar distintos medicamentos para mitigar el temor a la interacción cara a cara.

Según reportó la BBC, esta tendencia gana terreno impulsada por altos índices de malestar emocional. Un estudio del University College London indicó que el 28% de los jóvenes de veintitantos años en Inglaterra reporta elevados niveles de ansiedad.

En tanto, una encuesta de Drinkaware en Reino Unido arrojó que el 26% de las personas entre 18 y 24 años no consume alcohol, una cifra significativamente mayor al 7% registrado en 2012.

Liam Knowles, investigador de adicciones de la Universidad de Teesside, advirtió sobre el engañoso sesgo de seguridad que rodea a estos productos: "Los consumidores no se sienten tan mal al día siguiente y, al ser un medicamento, la gente piensa que es más seguro. Probablemente hay una cantidad considerable de personas que se están volviendo adictas".

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Por su parte, la psicóloga Emily Jones, del King's College de Londres, vinculó el alza del fenómeno con las secuelas de la cuarentena: "El confinamiento, en la práctica, enseñó a todo el mundo a tener miedo a la interacción social".

Riscos de adicción y falta de regulación

Pese a la creencia de que consumir pastillas implica menor daño físico que beber alcohol en exceso, la automedicación implica peligros severos.

La pregabalina, fármaco diseñado para tratar la epilepsia y el dolor neuropático, ha registrado un aumento masivo en su consumo global. Entre 2020 y 2024, la Oficina de Estadísticas Nacionales de Inglaterra y Gales asoció esta sustancia a 2.360 muertes por intoxicación.

El neuropsicofarmacólogo del Imperial College de Londres, David Nutt, precisó los límites de este tipo de consumo. "El propranolol y la pregabalina son sin duda más seguros que el alcohol, pero no son completamente seguros. Si la usan como una especie de intoxicante para emborracharse, entonces corren el riesgo de volverse dependientes. En ese sentido, no es gratis".

La falta de control de calidad en el mercado negro representa otra amenaza latente. Las autoridades sanitarias globales han comenzado a endurecer las restricciones para frenar el comercio ilícito en línea. Y advirtiendo que el uso prolongado de estos fármacos no solo genera dependencia psicológica y física, sino que puede agravar los cuadros depresivos al intentar suspenderlos.


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