Si bien es casi imposible evidenciar que las criaturas fantasmagóricas existen, en el siglo XIX ocurrió un crimen que tomó a uno de ellos como una clara evidencia para solucionar un caso. A continuación, te presentamos la historia del «Fantasma de Greenbier», cuyo testimonio se usó para resolver un caso de asesinato.

¿Quiénes eran Elva Zona Heaster y Erasmus Trout Shue?

Elva Zona Heaster Shue y Erasmus Trout Shue fueron una pareja que se casó a finales del siglo XIX en el condado de Greenbier, Virginia Occidental, Estados Unidos. Sin embargo, de acuerdo a una investigación de la autora norteamericana Dennis Deitz en su libro «El fantasma de Greenbrier y otras historias extrañas» él había enviudado en dos ocasiones debido a «muertes prematuras» de sus antiguas esposas.

El 23 de enero de 1897, Elva Heaster falleció, y Trout Shue se acercó a la casa de un menor de 12 años llamado Anderson Jones para pedirle ayuda. Pero cuando el niño llegó al lugar, quedó impactado al ver una mancha de sangre en la escalera de la entrada. Y el cuerpo sin vida de Elva Zona Heaster tendido en el suelo. Por lo que llamó a su madre para que avisara al médico del condado.

Sin embargo, cuando el doctor Knapp llegó, encontró a Erasmus allí. Quien ya había lavado el cuerpo de la mujer, la había vestido y le había puesto un velo en la cabeza. Incluso, cuando el médico observaba el cuello y cabeza de la mujer muerta, el marido se ponía muy agresivo.

Luego, el médico concluiría que su causa de muerte fue por «desaparición», aunque después añadiría «complicaciones durante el embarazo», como otra causa de muerte. Esto ya que llevaba tratándola hace varias semanas por problemas similares.

Durante el fineral, Erasmus le colocó un pañuelo alrededor del cuello a la mujer, dejando a varios sin entender por qué lo hizo, y respondiendo que «era su bufanda favorita». Por cosas como esta, Mary Jane Heaster, la madre de Elva, comenzó a pensar que el comportamiento de Erasmus era muy extraño.

El «Fantasma de Greenbier»

Pero en las noches posteriores, Heaster soñó con su hija por cuatro noches seguidas, revelándole que su marido la había matado asfixiándola y rompiéndole el cuello. Por esto, la madre de la víctima acudió a John Alfred Preston, el fiscal, para que reabriera el caso.

Sin embargo, este no le creyó, por lo que acudió al médico que había examinado el cuerpo de su hija. En tanto, el doctor Knapp confirmó que Erasmus estaba muy nervioso cuando visitaba a su esposa. Y que tampoco quería que le examinaran el cuello y cabeza.

Esto provocó que el fiscal decidiera reabrir el caso. Por lo que se realizó un segundo examen al cuerpo de la víctima, mostrando que la primera y segunda vértebra del cuello estaban fracturadas. Además la tráquea estaba aplastada y también había marcas de dedos en el cuello.

De acuerdo a The Washington Post, durante el juicio, Mary Jane Heaster testificó, afirmando que nunca había confiado en su yerno. Asimismo, la mujer habló de sus sueños y de lo que su hija le había contado, por lo que los jueces determinaron que Erasmus era violento.

Le creyeron a la mujer, y el exesposo de su hija fue condenado a cadena perpetua. Muriendo en 1900 en la cárcel por causas relacionadas con la neumonía. De esta manera, este caso se hizo conocido por utilizar el testimonio de un fantasma para resolver el caso de un asesinato.