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Bitácora del día 2 de Lollapalooza Chicago: El sol después de la tormenta

Revisa la parte 1 aquí.

Después de todo lo acontecido el primer día, que sirvió como una forma bastante exagerada de presentarnos el festival a los que veníamos por primera vez, el segundo pareció una taza de leche en comparación.

Todo partió bien temprano para Chile, porque al mediodía el encargado de abrir el Perry's Stage, el escenario electrónico, era DJ Who. El crédito local no sólo el único chileno del cartel tras la bajada de We Are the Grand, sino también el único latinoamericano. Y vaya que aprovechó la oportunidad, estrenando varias canciones propias y acompañado de Triciq en las voces y como animador a ratos del público que fue llegando en buena cantidad a esa hora.

La temperatura era radicalmente distinto al día anterior, no alcanzando los 20 grados y obligando a cambiar los shorts por pantalones largos. Incluso el cielo estaba gris y caían algunas tímidas gotas, lo que nos hacía presentir lo peor. Y de lo más destacado de esa primera mitad del día se encontraba la enérgica presentación de Cloud Nothings, de los pocos nombres nuevos del rock presentes en el festival con cierto subrayador, y el pop electrónico pegajoso del dúo Phantogram, ambos en cada uno de los escenarios principales de cada extremo.

Durante la tarde, la pequeña delegación de prensa chilena recibimos una visita ilustre: el dueño del festival, don Perry Farrell, se acercó para un intercambio de preguntas de unos 20 minutos, en los que pudimos sacar varias cosas en limpio que les contaremos durante el aire y en una nota aparte.

Esa misión nos hizo perder el show de Ryan Adams, al otro extremo del parque, en una constante de estos días (para que no crean que son puras puras cosas buenas, aunque la mayoría sí lo son), así que pudimos apreciar in situ el enorme arrastra del rap, una vez más, de la mano de Run the Jewels. El dúo, que sale de la unión de dos estrellas por mérito propio entre El-P y Killer Mike, derrochaba desplante y hasta subían al escenario a alguien cualquier del público, que sorprendió con una habilidad innata para rapear.

A esta hora, el clima de Chicago volvía a hacer de las suyas, pero esta vez para hacernos respirar de alivio. En un abrir y cerrar de ojos las nubes negras dieron paso al sol radiante, que regaló un muy lindo atardecer que aprovechamos para ver -en primera fila, claro- al cuarteto sueco Little Dragon. Si no los han escuchado todavía, prácticamente les obligo que lo hagan. Tres tremendos músicos liderados por la escandinava de origen japonés Yukimi Nagano, que ha participado hasta en discos de Gorillaz. No suenan como nadie más y en vivo además suenan mucho más potentes y bailables. Ojalá aparezcan pronto por Chile.

Después de ese turno, ya es de noche y la gente empieza a llegar en masa al escenario principal de la misma explanada. Viene el número principal, o uno de ellos: el regreso de The Killers tras haber encabeza la versión 2013.

Los estadounidenses congregaron el público más grande que hemos visto ahora (ojo con el héroe local Chance the Rapper mañana) y en vez de mostrar canciones de su inminente disco nuevo, optaron por un karaoke masivo de su discografía llena de hits. Sólo "The Man", que usaron para abrir, fue un estreno. Eso si no contamos el sorpresivo cover a "Starlight", de Muse, y el de "Disarm" de los Smashing Pumpkins.

De todas formas algo me pasa con The Killers. Tienen las canciones y los himnos para ser la banda de estadios que aspiran, pero algo en el sonido no me ha terminado de cerrar las distintas veces que los he visto. Como si se quedaran un poco corto en esas aspiraciones afines a U2. El día anterior, y pese a durar sólo 3 canciones, Muse pasó una aplanadora donde mismo derrochando contundencia masiva.

A mitad del show nos pusimos a pasear por el resto del festival para comprobar que DJ Snake tenía la grande en el Perry's, arengando a su público objetivo con un micrófono y gritando: "¡manos arriba los que están de vacaciones de verano y no van a clases!". Obviamente la mayoría la levantó, y luego se desató la euforia con el hit que tiene junto a Justin Bieber.

En el maravilloso y pequeño escenario Pepsi, a esa hora Crystal Castles desataba esa fiesta triste mitad trance mitad emo, con un sonido apabullante y un muy buen juego de visuales. La longitud del parque no nos permitió llegar hasta Blink 182, pero sí vimos a lo lejos cómo cerraban con fuegos artificiales que explotaban junto delante del imponente corredor de rascacielos.

Mañana la promesa climatológica es que vuelve el sol y el calor. Y el rumor dice que es el día que más tickets unitarios vendió, al ser la única oportunidad que tiene Chicago de ver a su hijo pródigo Chance the Rapper en la presente gira. Mañana te contamos cómo está eso. Mientras tanto nos escuchamos al aire y nos puedes seguir también en nuestro Instagram.