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Bitácora del día 1 de Lollapalooza Chicago: De rap y diluvios

El atajo para resumir la primera de las cuatro jornadas que componen el Lollapalooza 2017 sería decir que estuvo marcada por los imprevistas. Aunque, según comentaban y a juzgar por la historia, no es raro ni que Chicago tenga tormentas en verano ni que Liam Gallagher tenga pataletas.

Pero eso sería injusto con todo lo que pasó y todo lo que rodea este festival, que para un debutante como uno ofrece varias sorpresas que van dejando con la boca abierta. La primera es la obvia, la más sabida, pero no por eso menos impresionante: el lugar. El Grant Park es un increíble parque empotrado en pleno centro de la ciudad, lo que no sólo ofrece fáciles accesos al festival sino vistas imponentes a los rascacielos o al río Michigan desde adentro.

Inevitable es la comparación con el Parque O'Higgins y nuestro Lolla, pero la verdad es que la impresión que da es que un paralelo más parecido sería si se hiciera en un Parque Forestal mucho más grande o en un Bicentenario. La disposición es mucho menos abierta y con menos explanada que el O'Higgins, por lo que de repente se aparece un escenario entremedio de árboles e innumerables stands de distintas cosas para hacer y una generosa oferta para comer. Carlos se zampó un par de pedazos de la mundialmente famosa deep dish pizza; yo, más exótico, un bowl de noodles asiáticos. Así y todo, el parque nunca entrega la sensación de colapso humano, pese a recibir cerca de 100.000 personas diarias.

Para que se hagan una idea, la disposición del parque está separada en norte y sur. En los extremos de cada uno se encuentran los dos escenarios principales, acompañados de uno más pequeño con el que van alternando los artistas.

El más grande, el Grant Park Stage, es el de la explanada más grande y con una amplia capacidad -que sólo Cage the Elephant parecía ocupar en más de la mitad-, mientras que el segundo en importancia, el Bud Light, es más chico pero tiene a su favor una vista mucho más impresionante a sus espaldas, que regalaba postales envidiables con sólo abrir la cámara del teléfono y disparar.

Por los costados que dan a la calle Michigan, algo así como "la Alameda" de la ciudad, aparecían el pirotécnico Perry's (que aquí es al aire libre) y el Pepsi, este último una verdadera joyita en la que se pueden ver sorpresas en formato más íntimo, como la excelente presentación del haitiano criado en Canadá Kaytranada.

En lo estrictamente musical, pudimos confirmar in situ lo que se comenta en varios festivales y también en la historia reciente: la tibieza con la que se recibe a la mayoría de las bandas británicas en suelo estadounidense. Temples dio un sólido show temprano en el escenario principal, pero mucha más gente veía a los raperos $UICIDEBOY$ al otro extremo del parque.

Lo mismo Liam Gallagher, que pese a tener un público respetable a las 4 de la tarde, éste constaba mayoritariamente de latinos y europeos. Incluso Muse, encargados de cerrar el escenario principal, acumularon menos gente que los populares Cage the Elephant, aunque a esto último se puede culpar a la inminente tormenta que se desató al mismo tiempo que partieron.

Pero más allá de cualquier especulación, una cosa es clara: el rap domina con facilidad. Si el EDM o el rock de la vieja escuela es lo que más gente y fervor acumulan en Chile, acá los mayores públicos se vieron para los raperos, especialmente el trío Migos y el también actor Wiz Khalifa, dando a entender que los más jóvenes estadounidenses están dejando atrás la electrónica de estadios. La gracia está en que uno acá puede verles los shows completos. Todos con banda completa y sonando como rara vez se les puede ver fuera de su país. Todo cobra más sentido así.

¿Vale la pena hablar de Liam Gallagher? Bueno, ya. Si tenía problemas a la voz, como argumentó en Twitter más tarde, realmente no se notó. Las tres canciones y cuarto que alcanzó a tocar sonaron realmente bien. Las dos primeras de Oasis, seguidas del single "Wall of Glass" y otra nueva que aún no tiene versión de estudio, pero que sonaba bien.

En el cierre alcanzamos a ver un excelente show de Spoon, donde se congregaron los más grandecitos, seguido de tres canciones de unos Muse que hicieron rugir el escenario principal. A esas alturas ya estaba lloviendo muy fuerte, pero nada que unas capuchas de plástico de cinco dólares no pudiesen salvar. El problema es que, ya llegando a ver a Lorde al otro lado del parque, empezamos a notar que no se escuchaba nada y que la gente, varios miles, venían caminando en contra. Los parlantes del parque empezaron a anunciar lo inevitable: por riesgo de rayos, se obligaba a evacuar el parque de inmediato. Los shows se cancelaban sin posibilidad de reagendar. Nos quedamos con las ganas de verla presentar en vivo uno de los mejores discos en lo que va del año.

Todo muy hollywoodense, claro. Policías, sirenas, bomberos y una lluvia de las más fuertes que me han tocado vivir (por favor abstenerse, amigos del sur), pero que con un operativo de una eficiencia increíble lograron tener a 100.000 personas fuera del parque y perdiéndose felices, abnegados y casi acostumbrados, por las calles del centro de Chicago.

El GPS marca 16 kilómetros caminados y los pies tienen una que otra herida, pero la felicidad es superior. Mañana les contamos más. Al aire -de 15:00 a 17:00 en #LollaRPChicago- , por acá y en nuestras redes, en una cobertura hecha en conjunto con nuestros amigos de Cocha Viajes.