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No es flojera: La psicología revela qué pasa en el cerebro de las personas que dejan todo para el último momento

Existe la tendencia social de tildar a quienes dejan las obligaciones para el último minuto de vagos o desorganizados. Sin embargo, la psicología confirma que detrás de este hábito cotidiano existe una explicación biológica vinculada al funcionamiento del cerebro bajo presión. La psicología dejó al descubierto que no se trata de una simple cuestión de

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Existe la tendencia social de tildar a quienes dejan las obligaciones para el último minuto de vagos o desorganizados. Sin embargo, la psicología confirma que detrás de este hábito cotidiano existe una explicación biológica vinculada al funcionamiento del cerebro bajo presión.

La psicología dejó al descubierto que no se trata de una simple cuestión de pereza. Según especialistas, cuando el plazo de entrega está muy lejano, la tarea no genera la sensación de urgencia necesaria para que la mente la considere prioritaria.

El cerebro y el motor de la urgencia

Cuando el tiempo abunda, resulta sumamente fácil ceder ante las distracciones o asumir que siempre habrá un espacio posterior para cumplir con el objetivo. No obstante, al aproximarse la fecha límite, la percepción del tiempo cambia de forma radical en el individuo.

“La tarea adquiere importancia inmediata y aumenta la activación necesaria para empezar a actuar”, explicó Leticia Martín Enjuto en la entrevista concedida a cuerpomente.com. La profesional añadió que, en determinados perfiles, cierta dosis de presión funciona como un auténtico motor para conseguir entrar de lleno en la obligación.

trabajo bajo presión
Foto: getty images

En ese preciso instante, con los plazos encima, disminuyen notablemente las distracciones y se toman decisiones con mayor rapidez. Según reportó cuerpomente.com, la persona logra mantener la atención sostenida durante más tiempo gracias a ese nivel superior de activación mental.

¿Cuándo deja de ser recomendable?

A pesar de que rendir con el tiempo en contra puede resultar efectivo de manera puntual, los especialistas advierten sobre los riesgos de normalizar este comportamiento como un estilo de vida fijo. La necesidad constante de llegar al límite puede acarrear consecuencias negativas para la salud mental.

“Si esto acaba provocando ansiedad, agotamiento, problemas de sueño o una sensación continua de ir corriendo detrás de las obligaciones, estamos ante un patrón que puede terminar siendo perjudicial”, detalló la experta al medio cuerpomente.com.

Para quienes desean modificar esta dinámica sin sufrir los estragos del estrés, una herramienta muy útil consiste en fraccionar los objetivos globales. Crear pequeñas fechas límite intermedias ayuda a generar la urgencia necesaria de forma dosificada y reduce considerablemente la carga de tensión antes de la entrega definitiva.


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