Muchos lo toman como un hecho, y es que Charles Darwin teorizó que el apéndice humano era un vestigio inútil de un órgano digestivo atrofiado debido a cambios evolutivos en nuestra dieta. Sin embargo, la ciencia moderna acaba de desmentir esta hipótesis histórica.
Un equipo internacional de investigadores, coliderado por la bióloga evolutiva Heather F. Smith y el cirujano William Parker, ha publicado un estudio en Comptes Rendus Palevol que aporta la evidencia más sólida hasta la fecha de que el apéndice cumple una función biológica crucial.
Al analizar un árbol evolutivo de 361 mamíferos, el equipo descubrió que esta estructura anatómica evolucionó de manera independiente al menos 32 veces a lo largo de la historia evolutiva.

Especies tan diversas como los castores, koalas y puercoespines también la poseen, lo que sugiere que no es un error de la naturaleza, sino una ventaja adaptativa.
El "refugio seguro" de nuestra microbiota
¿Cuál es entonces su verdadera utilidad? El estudio refuerza la teoría de que el apéndice funciona como un "refugio seguro" para el sistema inmunitario.
Al albergar tejido linfático, actúa como un búnker aislado donde las bacterias intestinales beneficiosas se resguardan durante infecciones digestivas graves. Una vez que el cuerpo supera la enfermedad, estos microbios sanos emergen del apéndice para repoblar y estabilizar rápidamente el intestino.
Aunque algunos científicos, como Olaf Bininda-Emonds, debaten si la cifra exacta es de 18 o 32 evoluciones independientes, coinciden en que el órgano es útil. Por su parte, el biólogo evolutivo Randolph Nesse califica el hallazgo como una "refutación convincente" de la idea de Darwin. Y aseguró que esto abre nuevas preguntas sobre por qué este valioso escudo inmunológico no es un rasgo universal en todos los mamíferos.
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