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Científicos hacen uno de los descubrimientos del año en la Patagonia que cambiará cómo vemos la naturaleza

Fósil de 101 millones de años encontrado en la Patagonia, abre una ventana única al origen de la vegetación actual.

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Getty Images

La Patagonia no deja de sorprender a la comunidad científica internacional. Un grupo de investigadores desenterró un tesoro botánico casi invisible, pero con un valor evolutivo gigantesco

Se trata de una flor fósil del tamaño de la cabeza de un alfiler, cuya antigüedad se estima en unos 101 millones de años.

El hallazgo genera una fascinante paradoja paleontológica: los restos de esta delicada estructura vegetal aparecieron justo al lado del Patagotitan mayorum, uno de los dinosaurios más grandes que jamás hayan caminado sobre la Tierra. Bautizada oficialmente como Patagoflora minima, esta pieza mide apenas entre 6 y 9 milímetros, pero se ha transformado en la clave para resolver un enigma histórico: la expansión temprana de las angiospermas (plantas con flor).

Cuando las flores eran una rareza en la Tierra

Si bien las flores y vegetación son comunes en la tierra, esto no fue siempre el caso. Durante el Cretácico temprano, estos organismos representaban una absoluta novedad evolutiva que apenas empezaba a diversificarse en entornos controlados por helechos y coníferas.

Por esta razón, capturar este periodo de transición permite a los científicos comprender cómo se transformaron los ecosistemas terrestres y las cadenas alimentarias globales. Afectando así tanto el desarrollo de los insectos polinizadores como el de los vertebrados de la época.

Foto: Museo Paleontológico Egidio Feruglio de Trelew.

La fragilidad intrínseca de una flor hace que su conservación en el registro fósil sea un evento extremadamente raro. Su hallazgo junto a los grandes saurópodos permite reconstruir de forma fidedigna el paisaje vegetal que rodeaba a los gigantes del Cretácico.

Un puente botánico entre la Patagonia y España

Más allá de su antigüedad, el verdadero impacto de la Patagoflora minima radica en su valor geográfico comparativo. Restos de plantas con flor de edades similares han sido documentados en regiones sumamente distantes como Teruel, en España. Aunque hoy estos puntos están separados por un vasto océano, hace más de 100 millones de años formaban parte del antiguo supercontinente de Gondwana.

Esta diminuta flor funciona como un "mensaje en una botella" que viaja a través de las eras geológicas. El fósil aporta una prueba tangible de que la historia evolutiva de la flora global está interconectada. Y así, nos ayuda a trazar un mapa exacto de cómo se distribuyeron las primeras manifestaciones botánicas antes de que las placas tectónicas fragmentaran el planeta.

A final de cuentas, la ciencia avanza gracias a los detalles milimétricos. Esta pieza crucial se une al gigantesco rompecabezas de la vida terrestre, demostrando que para explicar la rica biodiversidad que hoy llena de color el planeta, a veces es necesario mirar los orígenes más humildes escondidos bajo el suelo austral.


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