A pesar de haber comenzado su carrera en los años ochentas con Wham!, la imagen de George Michael -con jopo y un aro de cruz- siempre será recordada como un ícono noventero. Es difícil, eso sí, desde nuestra generación intentar apreciar la importancia que tuvo y tendrá.

La forma más rápida en la que recuerdo a Michael por su maravillosa voz -y su timbre tan similar a Freddy Mercury- y cómo, rodeado de las supermodelos más importantes de los noventas, cantaba que «a veces la ropa no hacía al hombre». O en «Fastlove», otro de sus grandes hits, donde dice que no sirve para el amor, pero si para pasarla bien. Ya quisiera Maluma haber inventado esa frase.

«Freedom ’90» también se consolidó como un himno a la diferencia y a la libertad. Su forma de abordar la sexualidad era descarada, pero elegante. Eso lo podía ver hasta la niña que era yo, muy lejos del público objetivo o los fans de George Michael.

El año pasado, el músico estaba alejado de los escenarios, pero preparaba un disco e incluso lanzó un single solo tres meses antes de morir. Hace una navidad que estamos sin George y es extraño pensar que alguien que siempre ha estado sonando en las radios o cuyos videos nunca dejaron de pasarse en la tele, desaparezca.

George Michael compuso uno de los últimos grandes villancicos contemporáneos y no me parece mala idea recordarlo con cariño cada vez que escuche «Last Christmas».

Puedes escuchar sus grandes éxitos acá: