Los árboles son parte de la inmensa espectacularidad que presenta la naturaleza. Son los responsables de mantener el aire limpio y el ecosistema equilibrado. Los disfrutamos en todas las épocas del año, entregándonos la sombra necesaria en verano, para protegernos de las altas temperaturas; y sorprendiéndonos con la belleza de la caída de sus hojas en otoño.

Dependiendo del lugar que habites, el árbol característico varía. De todas formas siempre acudimos a ellos para tener esa conexión necesaria con la naturaleza que nos permita alejarnos del mundanal ruido de la urbe.

Los Pinos de Cook o Pinos de Nueva Caledonia son de aquellos árboles frondosos que podemos observar en varias partes del mundo. Originariamente pertenecen a una isla homónima en el Océano Pacífico, cerca de la línea del Ecuador. La historia cuenta que hasta 1851 no salieron de su isla, pero en la actualidad pueden observarse en cualquier jardín del planeta.

Te preguntarás por qué hablamos de ellos. La razón está en el descubrimiento del botánico Matt Ritter que cuenta Gizmodo. El hombre de la Universidad de California se percató que los Pinos de Cook que crecen en California y Hawai lo hacen inclinándose hacia el sur. Extraño, ¿no crees?

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Ritter comenzó a recopilar datos sobre la orientación de 256 de estos árboles en 18 regiones diferentes de los cinco continentes. Tras ello, el botánico norteamericano y sus colegas llegaron a una conclusión sorprendente: los pinos de Cook (araucarias emparentadas con las coníferas que prácticamente es un fósil viviente) se inclinan hacia el Ecuador de donde son originarios. Increíble.

El estudio, recién publicado en la revista Ecology, especula con la posibilidad de que las Araucaria columnaris tengan algún rasgo genético que las permita sentir el campo magnético terrestre, las diferencias en la gravedad, o simplemente los ángulos de exposición a la luz solar.

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