Este martes, Roxette regresó por quinta vez a Chile con una nueva formación y reviviendo el legado de una de las bandas más icónicas de los 80s y 90s.
Esta vez, la visita es distinta, ya que vienen con el peso de la pérdida de su frontwoman, pero también con el ímpetu de rearmarse y continuar su legado.
En ese contexto, la banda trajo su nuevo show al Movistar Arena, esta vez junto a Lena Philipsson en la voz. Regresando así después de 14 años de la última vez en la capital santiaguina.
Roxette y su regreso a Chile
La banda sueca tiene una larga historia con nuestro país, con más de 3 décadas desde su debut en nuestro país. Y esa cercanía se hizo sentir desde el comienzo, con la alegría de Per Gessle y compañía al inicio del show. E incluso cerrando el concierto proclamaron sus ganas de volver.
Desde la primera canción, se nota que la banda suena bien. Con tres guitarristas, bajo, batería, teclados y coros, además de los dos cantantes, la combinación musical es precisa y bien ejecutada. El sonido es de alta factura y todo gracias a un fiato de décadas tocando juntos.
El show estuvo marcado por hits y momentos que, a pesar de que fue un show relativamente corto, pasa por todos los momentos clave de la historia de la banda. Desde los lentos y baladas memorables, hasta los temas rockeros que hicieron bailar al Movistar Arena. Son hits probados y momentos preparados para hacer sentir euforia a su público.
Es un homenaje a sí mismos y a Marie Fredriksson, quien falleció en 2019, cuya presencia se siente a lo largo del setlist, incluyendo la dedicatoria de "It Must Have Been Love", uno de los puntos más emotivos de la noche.
Y es que la nostalgia es un punto muy importante en el show. Incluso la canción que usaron para homenajear a un artista chileno antes de "Joyride", fue algo de la misma generación. Y es que el riff de "La Voz de Los 80" de Los Prisioneros hizo cantar al público instantáneamente, lo que, coincidencia o no, refleja el conocimiento de su público.
El concierto de Roxette es la preservación de un legado de décadas, un saludo a una generación y un tributo a la fallecida Marie Fredriksson. Es una gira que busca revitalizar el catálogo de la banda, frente a un público que tiene ganas de revivir esa nostalgia, de la mano de una de las bandas más queridas de su época. Y esa labor, la cumple con creces, manteniendo vigente esos hits clásicos a pesar de todo.
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