El crecimiento del gaming en Latinoamérica no solo se mide en cifras de mercado o cantidad de jugadoras. La edición 2026 del estudio de Mujeres en VG instalauna alerta más profunda.
La experiencia de juego para muchas mujeres sigue atravesada por dinámicas de violencia normalizadas dentro de la comunidad.
Las alarmantes cifras que arrojó el estudio de Mujeres en VG
El dato es contundente, “De 2.993 mujeres, el 73%, ha presenciado situaciones de discriminación, acoso o malos tratos hacia otras mujeres en espacios vinculados a videojuegos”.
Lejos de tratarse de episodios aislados, el informe aclara que “la pregunta que origina este análisis no indaga si las encuestadas han sido víctimas directas, sino si han presenciado situaciones problemáticas”, lo que permite entender el fenómeno como un patrón estructural más allá de experiencias individuales.
El 73% de las mujeres presenció situaciones de violencia hacia otras mujeres en espacios vinculados a los videojuegos según estudio, Getty
En ese contexto, el estudio identifica lo que denomina una “amenaza invisible”. “El acoso y la discriminación no operan como eventos aislados o excepcionales, son comportamientos recurrentes y normalizados”, especialmente en entornos competitivos o de alta exposición pública.
Esta recurrencia genera un efecto silencioso pero persistente. “La frecuencia con la que estas situaciones son observadas sugiere que forman parte del paisaje cotidiano del juego para muchas mujeres”, explicó el reporte.
Las consecuencias no son menores. Según el reporte, esto deriva en la “autocensura, abandono de espacios sociales, limitación del uso del chat de voz, ocultación de la identidad y una menor participación visible”. Estas situaciones también restringen la presencia femenina en el ecosistema gamer.
Javiera Paz Sepúlveda, cofundadora de Mujeres en VG, sostiene que “el crecimiento de la comunidad no siempre viene acompañado de cambios culturales al mismo ritmo”. En una industria donde las mujeres avanzan como jugadoras y profesionales, el desafío ya no es solo la inclusión, sino la seguridad.
“Ignorar estos números implica normalizar la amenaza invisible; enfrentarlos, en cambio, es el primer paso”, concluye el informe. El problema ya está identificado. Ahora, la responsabilidad recae en toda la industria.