El Gobierno de Francia cedió a las protestas populares  de los llamados “chalecos amarillos” y suspendió el alza de los precios a los combustibles, así como el control técnico de vehículos y la subida de la electricidad.

En una declaración televisada, el primer ministro francés, Edouard Philippe, aseguró que la administración tomó la decisión para traer “calma y serenidad”.

La autoridad dijo que la violencia en las calles “debe parar”. “El Estado es un garante de paz, orden público, ningún impuesto debe poner en peligro la unidad nacional”, dijo. El Gobierno confía en que las concesiones sirvan para rebajar el amplio apoyo al movimiento en la opinión pública. Según los sondeos, en torno al 70% de franceses simpatiza con la protesta.

Desde que estallaron las protestas hace tres semanas, otras reivindicaciones se fueron sumando a la petición de suspender el alza de los combustibles. Entre otras peticiones de los “chalecos amarillos”, figuran una bajada de otras tasas que gravan a las clases trabajadoras, el aumento del salario mínimo o la reintroducción del impuesto sobre la fortuna.

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