Andy Murray fue en su minuto número dos del mundo, pero ahora su realidad es otra después de varias lesiones que lo hicieron bajar cientos de peldaños en el ranking ATP, actualmente es 832 del mundo.

Ahora está trabajando fuertemente por volver a la cima compitiendo en el ATP 500 de Washington, y logró con mucho esfuerzo ganarle al rumano Marius Copil (93 del mundo) por 6-7, 6-3 y 7-6 por los octavos de final, en un partido que duró más de tres horas de juego.

Con este triunfo consiguió meterse en cuartos de final de un torneo por primera vez en más de un año.

A diferencia de lo que pensarían muchos después de un triunfo la imagen que daba vueltas al mundo no era la de Murray levantando los brazos sino que llorando a un costado de la cancha, tapándose la cara con angustia.

Esto provocó una ola de comentarios en redes sociales en los que la gente lo apoyaba y le daba ánimo para lograrlo.

«Fueron las emociones que salen al final de un día tan largo donde no sabes a qué hora vas a poder acceder a la cancha, además de tener que disputar un partido de tres horas», dijo el tenista.

Además se quejó de los horarios de los partidos, porque dijo que terminar a las tres de la mañana no era bueno para nadie, ni para los jugadores, ni para ninguno de los operarios que estén involucrados en el campeonato, ni para la televisión y mucho menos para los espectadores.