Los capibaras se han convertido en uno de los animales favoritos de los chilenos. Su particular apariencia incluso los ha transformado en protagonistas de peluches, accesorios, carcasas y todo tipo de productos.
Pero la relación de estos animales con Chile es mucho más antigua de lo que se pensaba.
Recientemente, un equipo de investigadores encontró un diente de un pariente extinto de los capibaras actuales en pleno desierto de Atacama.
El hallazgo tiene aproximadamente 8,8 millones de años y corresponde a un tercer molar superior del género Cardiatherium. El fósil se encontró en la Formación Bahía Inglesa. De hecho, estaba en una zona que actualmente forma parte de uno de los lugares más áridos del planeta.
Atacama no siempre fue un desierto
La gran pregunta es qué hacía un animal asociado a ambientes húmedos en un lugar como Atacama. La respuesta está precisamente en cómo era este territorio hace millones de años.
Durante el Mioceno tardío, la zona habría contado con agua dulce, vegetación y ecosistemas mucho más húmedos que los actuales.
Los investigadores también encontraron fitolitos, pequeños restos minerales asociados a plantas, que entregaron pistas sobre la vegetación que existía en aquel período.
“Encontrar un diente de capibara en un depósito marino en la que hoy es una de las regiones más secas de la Tierra es simplemente asombroso”, explicó Priscilla Martínez, autora principal del estudio.
No es el primer capibara prehistórico encontrado en Chile
Hasta este descubrimiento, uno de los principales registros de estos animales en territorio chileno estaba en Renaico, en La Araucanía.
Allí fueron encontrados restos de ejemplares del género Phugatherium, que vivieron hace aproximadamente 4,5 millones de años. Entre los fósiles aparecieron un molar, incisivos, fragmentos de fémur y parte de una pelvis.
Ahora, el hallazgo en Atacama amplía todavía más la historia conocida de estos animales en Chile.
Y deja una imagen difícil de imaginar: millones de años atrás, donde hoy vemos uno de los desiertos más secos del mundo, existían ambientes capaces de albergar a los parientes gigantes de los capibaras que hoy nos encantan.