El circuito de la música independiente chilena recibió una muy interesante incorporación tras la salida . Se trata de Isidora Uribe, una talentosa oboísta que acaba de ser anunciada de forma oficial como la nueva integrante de Candelabro.
Así, la oboísta, una de las agrupaciones más reconocidas y aplaudidas de la escena nacional actual.
Isidora Uribe y una infancia marcada por las partituras y la FOJI
Uribe no es una aparecida en la disciplina. Su llegada a la primera línea del rock independiente está respaldada por una rigurosa e inspiradora historia de esfuerzo. Historia que comenzó cuando era solo una niña en las aulas de la Fundación de Orquestas Juveniles e Infantiles de Chile (FOJI).
Isidora creció en el seno de una familia con un profundo vínculo musical. Sus padres y hermanos la rodearon de melodías desde que tiene memoria. La música es parte de mí desde que existo”, señaló la joven oboísta.

Sin embargo, su camino dio un vuelco definitivo en el año 2014 cuando, con apenas 9 años de edad y gracias al impulso de una profesora de colegio que le enseñaba oboe, ingresó a la Orquesta Sinfónica Infantil Metropolitana.
Ese hito marcó el inicio de una trayectoria de diez años dentro de la Fundación. Durante su etapa escolar, mientras otros niños dedicaban sus fines de semana al ocio, Isidora asistía rigurosamente a los ensayos cada sábado.
Aunque implicó renunciar a muchas actividades propias de la infancia y requirió un apoyo constante de su entorno familiar, la recompensa humana y técnica valió la pena. Al mirar atrás, la músico es tajante: “Fue en FOJI donde construí la base de lo que soy como músico”.
El rol social de la música y el salto a Candelabro
Durante su década de formación en la FOJI, Uribe no solo dominó los aspectos técnicos del oboe y el trabajo colectivo, sino que también desarrolló una fuerte sensibilidad respecto al impacto social del arte. Compartir con jóvenes de diversas comunas y realidades la convenció de que la música clásica no debe ser elitista y que todos los niños deben tener el derecho de acceder a ella.

Esa misma convicción de democratizar la música y romper barreras fue la que la llevó a aceptar el desafío de unirse a Candelabro. Isidora ya mantenía una relación de amistad y admiración con los integrantes del conjunto. Y al sumarse al proyecto, se trazó un objetivo artístico muy claro. Esto es llevar el oboe a espacios populares y masivos donde habitualmente no está presente.
“Es un instrumento que tiene muchísimo que aportar a la música de hoy, pero que sigue siendo de difícil acceso para muchas personas”, explica sobre las motivaciones de su nuevo rol.
Hoy, con la sólida escuela de la FOJI en sus espaldas y nuevos horizontes por delante, Isidora Uribe se posiciona como un nombre clave a seguir dentro del recambio musical chileno, demostrando que la formación clásica y la vereda independiente pueden fusionarse para abrir caminos impensados.