SamuelFuentes

Para una banda chilena, llegar a Lollapalooza es una meta. Es un anhelo por el que se trabaja, se lucha, se llora y, cuando sucede es profundamente emocionante.

Puede ser el reconocimiento a una larga historia o un tremendo empujón en una carrera que sigue construyéndose y avanzando.

Desde el 2011 que los chilenos en el festival representan el momento actual de nuestra música. Así recuerdo, a la rápida el hermoso show de Ana Tijoux, donde un irrespetuoso hizo los suyo, la revelación de los inolvidables Fother Muckers, la presencia de Javiera Mena y Fran Valenzuela o la contundencia de Los Bunkers que incluso los llevó a la edición en Chicago.

Camila Moreno, Álex Anwandter, Juana Fe, Los Jaivas, Congreso, Gepe, Aguaturbia, Niño Cohete, el debut de Lopez, el aterrizaje de Ases Falsos, Mariel Mariel, Temple Agents, Zaturno, Lucybell… No hay nombre importante que no haya pasado por el festival y es muy lindo que así sea, porque es una plataforma increíble para ellos, para nosotros y para todos.